© 2017AMAGOIA ARCE

© 2017 de la presente edición en castellano para todo el mundo: Ediciones Coral Romántica (Group Edition World)

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Primera edición: Diciembre de 2017

Isbn Digital: 978-84-17228-44-6

Diseño portada: Design’s

Corrección: Verónika Fernández

Maquetación: Ediciones Coral

 

Reservados todos los derechos. El contenido de esta obra está protegido por la ley. Queda rigurosamente prohibida la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento mecánico, electrónico, actual o futuro-incluyendo las fotocopias o difusión a través de internet- y la distribución de ejemplares de esta edición mediante alquiler o préstamo público sin la autorización por escrito de los titulares del copyright, bajo las sanciones establecidas por las leyes.

 

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AMAGOIA ARCE

 

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Sinopsis

 

Estefanía Ruiz está harta de que cada año le hagan un interrogatorio exhaustivo sobre su falta de pareja. Durante el año nadie se acuerda de ella, excepto cumpleaños, pero en Navidad parece que se esté obligado acudir a los eventos familiares con pareja.

Después de su ruptura dejó de creer en los hombres, pero ahora está dispuesta a hacer una tregua y aliarse a uno que esté tan desesperado como ella y quieran superar juntos esos días de familia, amor y calvario.

Lo que nunca se esperará es encontrar a Adrián, el chico perfecto, y a Alex, el chico imperfecto.

¿Qué pasa cuándo se empieza una guerra entre la razón y el corazón?

¿Puedes presentarte con el chico perfecto y hacer locuras con el imperfecto?

Pero, ¿qué pasaría si el chico imperfecto fuese políticamente correcto?

¿Y si ambos tuviesen un secreto?


 

 

Me llamo Estefanía Ruiz, tengo treinta años, vivo en Dénia, un pueblo de Alicante.

Trabajo de peluquera en la peluquería de mi mejor amiga Sole, en Ondara.

Tengo casa propia, miento, es del banco, pero siempre pago mis letras así que dentro de veinte años será mía. Tengo un Fiat panda que algún día cambiaré por un monovolumen para llevar a los niños al colegio. Mi idea es tener tres, pero si el parto es tan doloroso, como dicen algunas de mis amigas, creo que tan solo tendré uno.

Soy, ni muy alta ni muy bajita; tengo los ojos verdes y mi color de pelo es multicolor, soy impredecible, siempre estoy cambiando.

Me gusta viajar, la comida italiana, china y japonesa.

Tengo pasaporte, pero nunca he viajado como para utilizarlo.

Me encantan los animales, tengo tres gatos en casa.

Seguramente te estarás preguntando ¿por qué estoy soltera? No lo sé, no soy una mujer ejecutiva que de miedo a los hombres, ni tampoco me considero una mujer con carácter, ni ambiciosa, ni cascarrabias, simplemente tengo mis ideales y mi propia personalidad.

Tengo muchos amigos y amigas, me encantan nuestros planes y escapadas, pero reconozco que les envidio cuando los veo con sus parejas o llegan estas fechas y cada uno se va con su familia.

Me llevo muy bien con mi familia, son estupendos, soy hija única, pero en mi casa entre tíos y primos se suelen juntar unas treinta personas y ahí, ahí es donde reside el problema.

Estoy un poco cansada de que me hagan el mismo interrogatorio todas las navidades sobre ¿por qué no tienes novio? ¿Por qué dejaste a Rubén si un desliz lo tiene cualquiera? O mi favorita, ¿no crees que eres muy exigente con los hombres?

Por ese motivo escribo estas letras, necesito urgentemente un hombre para estas fiestas, fiestas que adoro y que empiezo a aborrecer.

Muchas gracias, espero vuestros emails, eso sí, abstenerse psicópatas, sociópatas u hombres que busquen sexo.

Mi email es Estef.ania@hotmail.es

—¿Qué te parece Sole? —pregunté a mi amiga, que leía mi escrito en la pantalla del ordenador.

—¿Te has vuelto loca? —contestó riéndose.

—¿No te gusta? —pregunté intentando que su risa no se contagiase.

—Fany, creo que das demasiadas explicaciones. Aparte, me parece irreal, que estés haciendo esto. No creo que una chica como tú, tenga problemas para ligar en una discoteca de la manera tradicional.

—He escrito lo que sentía. Quiero ser sincera y no engañar a nadie.

—Por engañados no van a sentirse, pero tampoco van a contestar a ese anuncio tan burdo —dijo arqueando su ceja de la incredulidad.

—Está bien, ¿cómo lo harías tú? —pregunté mientras ponía mis brazos en jarra.

—Abre la peluquería que te lo demuestro en dos minutos.

Me dirigí hasta la puerta mientras mi amiga escribía en el ordenador debajo de mi gran párrafo…

 

Me llamo Estefanía Ruiz, vivo en Dénia, tengo treinta años y busco un hombre de treinta y dos a cuarenta y dos que no busque sexo y pueda hacerme compañía en estas fiestas para aguantar a nuestras respectivas familias y sus incansables interrogatorios. Por favor adjuntar foto.

Gracias. Podéis contestar en este email Estef.ania@hotmail.es

 

—Fany, aquí lo tienes. —Se levantó y atendió a la segunda clienta que allí esperaba.

—Sole, te conozco, miedo me da —dije sonriendo.

—Niñas, ¿qué tramáis? —preguntó nuestra primera clienta, Milagritos.

—¡Ay señora Milagritos! Que nuestra Fany quiere un hombre y no tiene suerte. Debe de tener a Cupido borracho o drogado, porque sus flechas no aciertan.

—¡Ala, serás bruta! —repliqué riéndome—. Señora Milagritos, enseguida estoy con usted, quiero ver lo que ha puesto la bruja de mi amiga. —Me acerqué al ordenador mientras observaba de soslayo a Sole, que intentaba aguantarse la risa—. ¡Sole, te has vuelto loca! Eso sí que no lo voy a poner —dije volviendo con mi clienta.

—¿No? ¿Qué prefieres, contarle tu vida y milagro? Es escueto, directo y, además, ya lo he enviado —contestó riéndose y evitando mi asesina mirada.

—¿Qué has enviado qué? —Las dos clientas se reían y nos miraban como si de un partido de tenis se tratase.

—He enviado tu escrito a la página de contactos que tenías puesta. Y el mío a otra, veremos a quién de las dos nos contesta antes —explicó mientras continuaba lavándole el pelo a Carmen, una mujer de noventa años que aparentaba sesenta, y que era su clienta favorita.

—¿Cómo vamos a saber a quién de las dos nos está contestando?

—Según lo que te digan del anuncio lo sabrás. Pero ya te digo que será al mío.

—Niñas, no creo que os haga falta ir detrás de los hombres —dijo Milagritos—. Miradme a mí, llevo casada tanto que no lo recuerdo.

—Yo tampoco creo que le haga falta. Pero Fany a este paso será devorada por sus gatos si vuelve a tener que aguantar a sus familiares estas navidades sin pareja.

—Ni caso chicas —dijo la otra clienta—, me separé a los sesenta y me fui con un hombre de ochenta que, como sabéis, hace tres años que faltó. No me arrepiento en absoluto. La vida es ese instante que pierdes cuando no haces lo que quieres.

Sole y yo nos mirábamos mientras ambas mujeres compartían vivencias.

La verdad, es que las palabras de la señora Carmen calaron hondo en mi ser. Tenía razón, y tal vez, yo me estaba obsesionando demasiado con el hombre perfecto. Ese que no me hiciese daño en lugar de disfrutar del momento. Si volvía a sufrir por amor, sería porque había vuelto a sentir, que mi corazón latía de nuevo.

 

 

Busco Pareja Para Navidad.

 

 

 

Después de aquel momento de risas, y de mi disparatada idea, no volvimos a hablar del tema, ni a mirar el ordenador; teníamos mucho trabajo como para hacerlo. Encima, al acercarse fechas tan señaladas, las mujeres venían, creo yo, a desahogarse un poco de lo que estaban siendo los típicos preparativos de Navidad.

Muchas de nuestras clientas querían estar perfectas para recibir a sus hijos ausentes por trabajo el resto del año, otras, simplemente querían jorobar a esas envidiosas cuñadas, y otras, simplemente, eran muy coquetas.

La que no venía a peinarse venía a depilarse. La realidad es que no teníamos tiempo ni de salir a fumar, un asqueroso vicio de aquí mi amiga. Todos los años se plantea dejar y no hay año que lo consiga, en fin, tampoco voy a criticarla cuando mi vicio tampoco es barato; un paquete de pipas para relajarme al acabar el día. El bótox más natural que podrían inventar. Aunque también confieso que como chucherías entre clienta y clienta, es como si necesitase azúcar para aguantar a tanta cotorra junta.

Estamos a diecinueve de diciembre de 2016; faltan cinco días para esa temible nochebuena.

Al acabar nuestra jornada, reventadas y exhaustas, decidimos recoger en silencio, hasta que se oyó un pitido que hizo que ambas nos mirásemos al unísono, como si supiésemos de lo que se trataba.

Dejamos caer la escoba y fregona respectivamente, y corrimos hacía el ordenador, allí estaban los cuatro emails dirigiéndose a mí.

 

Hola, me llamo Rodrigo Barnabeu, soy de Jávea y tengo treinta y ocho años. Odio estas fechas desde que me divorcié y, al igual que tú, busco a una persona para que mis familiares dejen de acosarme. Te adjunto una fotografía. Espero que sea tu elegido. Gracias.

 

—Sole, yo no puse foto —dije agrandando la foto de Rodrigo.

—Yo sí —contestó, pícaramente.

 

Hola, me llamo Ernesto Álvarez, soy gallego y resido en Teulada. Tengo cuarenta años y me he divorciado dos veces. El motivo es que soy gay, pero no consigo tener las fuerzas de decírselo a mis padres. Necesito una tapadera para estas fechas.

Gracias, te adjunto foto. Espero tu email.

 

Hola, me llamo Adrián, tengo treinta y tres años. No creo que esté haciendo esto, ni que esté contestando a una página de contactos. Pero si no lo hago volveré a ser «la piñata» de estas navidades en casa de mis padres. Vivo y trabajo en New York, mis padres viven en Dénia, y no tengo tiempo para novias ni complicaciones. Me parece genial tu idea y que, sin compromiso, pasemos estas fechas para no aguantar a esos odiosos parientes. Espero ser el elegido. Este soy yo las navidades pasadas en casa de mis padres. Espero que al ver la foto entiendas cuánto te necesito.

Gracias, espero respuesta.

 

Hola, me llamo Juan Ivars, soy de muchos sitios y de ninguno, un espíritu libre. He visto tu anuncio y me ha hecho gracia, me vendría bien una compañera de viaje.

No te mando foto porque no tengo móvil, estoy en un ciber.

Si soy el elegido mándame un email a esta cuenta, lo leeré la semana que viene.

Gracias.

 

Sole y yo nos miramos y empezamos a reírnos, definitivamente el candidato perfecto era Adrián.

Día diecinueve de diciembre, iba a ser el día en el que iba a conocer a Adrián. Pero teníamos un problema, que él seguía en New York, y hasta el día veintidós no vendría a Dénia y yo lo necesitaba antes, así que concertamos una cita mediante Skype.

Cuando acepté su llamada y vi ese cristal a sus espaldas con aquellas vistas, supe que me había enamorado.

 

—¿Estefanía? —dijo él sonriente

—Hola, perdona, me he quedado un poco embobada con las vistas.

—Preciosas, ¿verdad? —comentó él dándose la vuelta para contemplarlas también, como si no las tuviese bastante vistas.

—Sí, muy bonitas; pero qué te voy a contar que no sepas —dije con sonrisa tímida.

—Bueno Estef, ¿puedo llamarte así o prefieres Estefanía o Fanny?

—Estef está bien —contesté jugando con mis pulgares, ya sabéis, «haciendo puñetas»

—¿Cómo nos conocimos? Porque será lo primero que preguntarán estando yo aquí y tu allí.

—Si decimos que por las redes sociales mis padres me matan —contesté

—Los míos no se lo creerían —admitió él sonriendo.

—Y hay otro problema —afirmé torciendo un poco la boca como desaprobándolo.

—¿Qué problema? —preguntó él frunciendo el ceño

—Mañana día veinte yo ya tengo eventos familiares en los que tendrías que asistir.

—Pero yo no estoy hasta el veintidós, y ese mismo día comemos en casa de mis tíos —comentó él abriendo su agenda.

—¿Cómo presento a mi «novio» si no está? —pregunté sonriendo.

—Vale, espera. Te contaré algo de mí; tengo un hermano mellizo, no somos iguales, obviamente. Pero para suplirme dos días no creo que se diesen cuenta. El problema de ello es que no creo que tenga ningún traje de chaqueta, ni ropa elegante y, sinceramente, no me apetecería que nadie supiese nuestro secreto.

—Puestos a sacar más problemas te diré que mi inglés es básico y nunca he viajado fuera de Dénia.

—Vale, descartamos pues el habernos conocido aquí —apuntó él en su agenda—. Dime, ¿para qué me necesitabas mañana? ¿Dónde teníamos que ir?

—Mi empresa organiza una cena de empresa —contesté mirándolo a los ojos

—¿En qué trabajas? —preguntó interesado.

—Soy peluquera —dije agachando la mirada como si estuviese avergonzada.

—Esa cena será de dos personas, como mucho tres, ¿no?

—No exactamente, te explico. Es una cena navideña que organizan en el pueblo entre todas las peluqueras de la contornada, otorgando un premio a la peluquería más votada por sus clientas. Y estoy cansada de asistir sola.

—No sabía que en Dénia se hiciese eso —dijo algo asombrado.

—Trabajo en Ondara. La peluquería es de mi amiga Sole —aclaré levantando las cejas y mordiéndome los labios al terminar de hablar.

—Vale, esto será lo que haremos. Hablo con mi hermano y le pido que te acompañe en calidad de novio; al fin y al cabo, esas personas no van a verte el resto de días de fiestas, ¿no?

—Hay más —confesé poniendo cara de pena —. El veintiuno tengo cena en casa de mis amigas, las casadas y maravillosas que tienen hechas sus familias y solo ves una vez o dos al año.

—¡Vale! Voy a tener que sobornar a mi hermano para que te acompañe y se haga pasar por mí. ¿A ellas las vuelves a ver durante las fiestas?

—¡Sí! Nos volvemos a juntar el día veintiséis para comer, casados y solteros.

—Este año no. Ahora te digo mis planes. El veintidós comeremos con mi familia en casa de mis tíos. El veintitrés con mis amigos de toda la vida y sus respectivas parejas. ¿Prefieres cenar o comer en casa de tus padres en Noche Buena?

—Adrián, las dos cosas; soy hija única, no puedo dejar solos a mis padres en estas fechas. —contesté levantando el bolígrafo que yo también había cogido para apuntar mi nueva vida en pareja—. Además, no saben que tengo «pareja» no puedo desaparecer el primer año de tener novio, a mi abuela le daría algo.

—Muy bien, entonces comeremos en casa de tus padres. Deduzco que nos quedaremos todo el día allí, pero a las doce de la noche nos vamos a casa de mis padres.

—Vale —dije sonriendo.

—El día de Navidad con mis padres.

—Es que… —interrumpí

—Estef, no conoces a mi madre; el día de Navidad comemos con ellos o me mata.

—Vale, seré yo quien hable con la mía —musité anotando en la libreta

—El veinticinco por la noche descansamos, cada uno a su casa.

—No! El veinticinco por la noche solemos juntarnos solo los primos para cenar.

—¡Está bien! ¿Dónde? —preguntó

—En mi casa, dónde tendríamos que vivir juntos.

—¿Perdona? —preguntó sorprendido.

—Vendrá mi prima la cotilla, cualquier indicio de duda que tenga sobre nosotros lo dirá y estaré muerta —aclaré sin dejar de mirarlo

—No pasa nada, dormiré en tu casa. Te mandaré fotos mías por email.

—¿Para qué? —le interrumpí.

—Tendrá que parecer creíble, lo lógico es que tengas fotos mías.

—¡Ah! Cierto, perdona mi torpeza.

—Sigamos. El veintiséis con tus amigas para comer. El veintisiete con mis hermanos, solos. El veintiocho cenaremos con mis compañeros de trabajo de cuando vivía allí. El veintinueve comeremos en casa de mis tíos de nuevo. El treinta en casa de mis padres, comer y cenar.

—El treinta y uno en casa de los míos, hasta media noche, después si quieres cada uno por su lado.

—Me parece bien —dijo él anotándolo.

—El día uno de enero comida en casa de mis tíos con mis primos.

—¡Hecho! El día dos hasta el día cuatro vacaciones, yo no tengo nada.

—¡Yo tampoco! —exclamé

—El día cinco es tradición que vea la cabalgata con mis padres y luego cenar en su casa. Mi hermano se disfraza de rey mago y da los regalos a todos.

—Vale, pero el día seis comemos en casa de mis padres.

—¡Perfecto! Y el día siete volvemos a la realidad —finalizó la lista de tareas y de eventos riéndose.

—¡Sí! Te librarás de mí —contesté cerrando la libreta.

—Bueno, y tú de mí. Para ser sincero no esperaba que fueses tan guapa.

—¡Vaya! ¿gracias? —respondí con sorna.

—Tu foto en el perfil ese de contactos no te hace justicia.

—No soy muy fotogénica, me gusta más hacerlas.

—Una cosa que sé de ti, te gusta la fotografía.

—También sabes que soy peluquera —añadí—. Cuéntame cosas de ti.

—Mi apellido es Savall, mi padre es abogado y de Oliva. Mi madre dejó su trabajo para cuidar de nosotros. Mi hermano y yo vamos detrás de dos gemelas, Alejandra y Alexia; lo que menos se esperaban mis padres era volver a tener dos. Pero llegamos mi hermano Alejandro y yo. Y antes de que me lo preguntes, te respondo yo. Sí, mi padre se llama Alejandro y él nació unos minutos antes que yo.

—No iba a preguntarte nada —contesté aguantando mis ganas de reír.

—Mi madre se llama Aurora y vive ahora para sus nietas.

—¡Venga ya! Todos empezáis con la inicial «A» —interrumpí divertida.

—Mis padres no se complicaron mucho. A mi hermana Alejandra creo que le pusieron así pensando en no tener un varón, y mira, tuvieron dos. Mis sobrinas, las cuatro chicas, dos de mi hermana Alejandra y dos de Alexia, son puro amor; las veo de año en año, pero intento hablar con ellas por Skype todas las semanas. Las de mi hermana Alejandra se llaman Aroa y Carmen, de seis y cuatro años respectivamente. Y las de mi hermana Alexia se llaman Cora y Azucena, de tres y cinco años respectivamente.

—¡Madre mía! Tienes una familia increíble y se te ve muy enamorado de ella. ¿Por qué te fuiste a New York?

—Estefanía, no todo es idílico, ya lo verás cuando estés allí. Mi hermano Alejandro puede hacer lo que le venga en gana. De hecho, él pudo elegir su profesión, yo no. A mí me la impusieron. Soy abogado por obligación, no por vocación. Alejandro es profesor de equitación y ayuda a niños con discapacidad con esos animales.

—¡Vaya! Eso es muy bonito.

—Sí, pero apenas tiene para vivir. No me parece un trabajo adecuado, sinceramente.

—Mi trabajo tampoco es el más maravilloso del mundo. Cuando era pequeña no soñaba con lavar cabezas, ni encontrarme lo que me encuentro. Pero vivir en el mundo real es lo que tiene.

—Está claro que ninguno estamos contentos con nuestros trabajos. Voy a llamar a mi hermano y le daré tu número de teléfono para que te llame; así habláis y quedáis. Intentaré llamarte mañana.

—No tienes mi número de teléfono.

—Estoy esperando a que me lo des —expresó juguetón.

 

Después de colgar, me quedé pensando en toda nuestra conversación. Miré mi libreta y vi mi nueva vida. Lo bueno de todo esto es que iba a tener un acompañante guapo e inteligente para callar bocas estas navidades.

 

 

 

 

 

                   Adrián y Alejandro.

 

 

—¿Qué pasa hermano? —contestó un eufórico Alejandro al teléfono.

—Hola Alex, ¿Qué tal estás?

—Bien, ¿ya sabes cuándo vienes?

—Sí, el día veintidós alrededor de las doce.

—¿Irás a cenar a casa de los tíos o prefieres descansar?

—¡No! Iré a cenar. Tengo muchas ganas de veros. Además, nadie sabe que voy, es una sorpresa, piensan que llego el veinticuatro.

—¡Vaya! Muy bien hermano, entrada triunfal —exclamó.

—Oye, tengo que pedirte un favor.

—Ya sé, no te preocupes que no diré nada a nadie.

—Entonces serán dos favores. El primero ese, que guardes el secreto de mi llegada. Y el segundo, que seas el acompañante de mi novia durante dos días a dos eventos navideños que tiene.

—¿Cómo tu novia? Adrián, ¿de qué hablas? —preguntó asombrado.

—Has oído bien Alex, ¿puedes hacerme el favor de ir con ella y de guardar ambos secretos?

—¡No, claro que no voy a ir! —dijo gritando.

—Alex no te lo pediría si tuviese más opciones.

—Siempre hay más opciones Adrián —apostilló Alejandro enfadado

—Es guapa, encantadora, simpática y dulce. Se llama Estefanía. Te gustará. Trabaja de peluquera en Eclipse, en Ondara. Ella no me dijo dónde, pero en su foto de perfil cuando la conocí salía con el logo de la empresa, así que cotilleé.

—No me tiene que gustar.

—Pues mejor Alex. Pero por favor, hazte pasar por mí y no la dejes sola.

—Está bien, pero me debes una y muy gorda —claudicó al fin, resignado.

—Lo sé, te doy su número de teléfono y ya quedáis. Gracias Alex.

—Gracias no; mándame una foto que no me fío de tus gustos.

—¡No! Ya la verás, créeme que es muy guapa, además lo es más al natural.

—Adiós Adrián. —Colgó sin dejar a su hermano despedirse.

 

20 de diciembre

 

 

Llegué a trabajar como siempre. No había dormido la noche anterior esperando alguna noticia de Adrián o de su hermano, pero ninguno de ellos dio señales de vida. Ya pensaba que me tocaría ir sola a esa cena de empresa. Estaba Sole hablando por teléfono cuando entré, nos sonreímos y fui hacía la habitación para cambiarme. Oí la campana de que la puerta se abría, pero también oí a Sole decir «Enseguida le atiendo», así que seguí con lo que estaba haciendo.

—Hola caballero, ¿le corto el pelo?

—Sí, por favor, al dos —contestó el primer cliente.

—¿Al dos? Se lo va a ver muy corto en comparación a como lo tiene ahora.

—¿No me diga? —inquirió algo borde—. Tener melena es lo que tiene.

—El rollo Brad Pitt en Leyendas de Pasión pasó de moda —puntualizó Sole

—¿Cree que hay que seguir una moda para el peinado, o deberíamos seguir nuestro propio criterio?

—Yo creo que es un poco de todo, ¿no le parece? —rebatió mi amiga perdiendo la sonrisa

—¡No! —contestó tajante.

—¿Me disculpa un momento, por favor? —añadió por no clavarle las tijeras.

Sole vino en mi busca maldiciendo al cliente borde, e intentando mantener las formas para no gritarle ni insultarle, por si era de la comitiva de esta noche que venía a ver cómo éramos.

—Fanny, sal por favor y atiende al capullo que tenemos ahí sentado, porque no tengo paciencia para tanta bordería.

—Yo tampoco estoy de muy buen humor hoy.

—¿Lo echamos a suerte? —preguntó

—¡No! Ya voy yo. —Cogí el disco de villancicos y salí en busca del cliente borde.

Anduve por el salón buscando la mirada de aquel chico con la melena desdeñada, pero estaba muy ocupado con su móvil. Coloqué los villancicos y dejé que sonarán a gran volumen. Me acerqué al chico, que parecía mayor que yo, con una sonrisa que no me devolvió.

—Hola, voy a ser tu peluquera, ¿podrías decirme lo que le has pedido a mi compañera?

—¿Qué le ha pasado a ella, siempre tratáis así a vuestros clientes?

—Está indispuesta. Y no, solo a los bordes. —Mi boca se abrió y dijo lo primero que pensé, realmente sin pensar.

—¡Fanny! —gritó Sole.

—¿Fanny de Estefanía?

—¡Sí! ¿Por?

—Quiero cortármelo al dos.

—¡Claro! Pase por aquí, le lavo el pelo y se lo corto en un periquete.

Mientras le lavaba el pelo entró una de nuestras mejores clientas a felicitarnos las fiestas, y de paso a felicitarnos porque se rumoreaba que seríamos las ganadoras de este año.

—¡Ay chicas! Qué contenta estaré si ganáis como dicen.

—Doña Rosita, no se haga ilusiones que hay muchas peluqueras tan simpáticas como nosotras.

—Fanny, no mi niña, no. Vosotras sois como de mi familia, mis nietas, y os aseguro que he ido a otras y no me han hecho estar como en casa. Además, Fanny, eres un amor, dime que esta noche irás acompañada por un estupendo chico.

—Siento desilusionarla Rosita, suerte en el trabajo mala suerte en el amor. —Noté las miradas de aquel desconocido clavándose en mí, me estaba incomodando.

—No seas tonta, el hombre perfecto está cerca, seguro —añadió la octogenaria.

—Sí, en New York —afirmó Sole.

—¡Sole! —le increpé.

—O aquí —sugirió Rosita tocando la pierna del chico

—No creo que yo sea su tipo. Desde luego ella no es el mío —apostilló él

—Lo que más me gusta de usted es su simpatía, lo encantador que es. —Le susurré al oído, aunque me oyeron todas—. Rosita, lo que tenga que pasar, pasará; sola o acompañada. Además, voy con Sole. —Le di un cachete al desconocido como señal para que se levantase y fuese a los sillones para el corte de pelo.

—Eso es así mis niñas. ¡Suerte! Nos vemos esta noche.

Le dimos dos besos y puse los ojos en blanco cuando miré a Sole en protesta por el cliente que me había pasado. Había conseguido borrarme la sonrisa; aunque él parecía estar disfrutando de aquello, pues no dejaba de mirarme. Aunque no sonriese, su mirada ya lo hacía por él.

No le di conversación, encendí la maquinilla y me dispuse a cortarle el pelo. A medida que le iba viendo caer la cabellera y tocaba su piel, sentía algo que no me gustaba, más bien me gustaba, pero no quería sentir. La parte de detrás ya la tenía cuando me dispuse a cortarle la de delante, con mis manos cogí su cara para ver si se lo estaba igualando, al mirarlo a los ojos lo pillé mirándome fijamente, aquello me estremeció. Seguí cortando hasta que dejé todo aquel rostro descubierto. Nos miramos fijamente a través del espejo y la maquinilla cayó de mis manos.

—Fanny, ¿estás bien? —preguntó Sole viniendo hasta nosotros. Él no se movía y yo no podía gesticular.

—E… e… él. —Conseguí decir.

—Hola —Saludó él con la mano.

Los dejé allí y salí de la peluquería. Necesitaba salir a la calle; y eso hice, sin chaqueta ni nada a respirar aire puro y helado. Sentía que me ahogaba y que se había reído de mí.

—¿Fanny? —Oí su voz, pero no me giré.

—¿Es una especie de juego o algo así para reírte de mí? Porque de ser así, ya te has divertido bastante.

—¡No! Mi hermano me dijo dónde trabajabas y me dio tu número de teléfono. Me pareció mejor este primer contacto que uno frío por teléfono.

—Pues tal y como te has portado, hubiese preferido el teléfono.

—Tenía que cortarme el pelo para ir guapo esta noche. El problema es que creía que tu amiga Sole eras tú, y no me ha gustado mucho su comentario. Bueno, tampoco me hace ilusión tener que hacerme pasar por quién no soy.

—Entiendo, lo siento. De verdad, no estás obligado. Adrián no puede estar aquí, pues no pasa nada, ya lo estará en los demás días de fiestas.

—Se lo he prometido a mi hermano e iré contigo esta noche a esa cena. Dime dónde vives y pasaré a recogerte.

—Pasa por aquí, me he traído la ropa aquí.

—Muy bien, ¿a qué hora? —preguntó intentando se simpático.

—A las ocho —contesté mirándolo a los ojos.

—Por favor. No le digas a mi hermano que hemos empezado con mal pie.

—No, tranquilo. Por cierto, puedes ir informal, me dijo Adrián que no tenías trajes.

—Algo me pondré —respondió.

—Seguro, no creo que vayas a venir desnudo —repliqué sonriendo.

—Fanny, ¿todo bien? —Apareció Sole preocupada.

—¡Sí! Sole, te presento a Alejandro, el hermano de Adrián.

—¡Vaya! Hola, me voy para dentro que tengo a Miranda con el tinte.

Ambos sonreímos, la primera vez que le veía sonreír, y nos despedimos. Cuando entré en la peluquería empezó el interrogatorio.

—¿Y bien? —preguntó Sole mientras lavaba una cabeza.

—Era el hermano de Adrián —contesté al mismo tiempo que miraba la agenda para ver a cuál de nuestras clientas le tocaba.