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La Rosa, Luciana

Salud anal y sexualidad : enfoque médico integral / Luciana La Rosa. - 1a ed . - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Autores de Argentina, 2020.

Libro digital, EPUB


Archivo Digital: online

ISBN 978-987-87-0707-5


1. Medicina. 2. Sexualidad. I. Título.

CDD 613.96



Editorial Autores de Argentina

www.autoresdeargentina.com

Mail: info@autoresdeargentina.com




Queda hecho el depósito que establece la LEY 11.723

Impreso en Argentina – Printed in Argentina


“¿Qué va a saber un médico?

Los médicos no saben más

que lo que les vamos enseñando los enfermos.”

Otra vez el Diablo. Alejandro Casona.




Porque no sería médica sin ellos,

quiero dedicarles este libro a mis pacientes.

Ellos fueron una fuente inagotable de aprendizaje

y el motor de mi investigación.


Los quiero.

Aclaración

Este libro apunta a un universo amplio de destinatarios: por un lado, y en especial, a profesionales de la salud dedicados al cuidado de individuos con síntomas anorrectales asociados al erotismo anal; por otro lado, a toda persona interesada en la sexualidad en general y anal en particular.

Con la intención de despertar el interés de lectores legos en la materia, me propuse reducir el uso de palabras técnicas, en la medida de lo posible. Con aquéllas que debí utilizar, elaboré el glosario que figura al término del texto principal.

Este trabajo invita a repasar evidencia médica sobre la relación entre prácticas sexuales anales y patologías anorrectales. La recopilación incluye detalles de diagnóstico y tratamiento, pero evita abordarlos en profundidad.

De esta manera, espero contribuir al bienestar físico y sobre todo emocional de los pacientes.


Prólogo

Este libro contiene respuestas científicas a todo lo que Usted siempre quiso saber sobre sexualidad anal y no se animó a preguntar. Dicho así, pareciera tratarse de un compendio de explicaciones, basadas en la evidencia y expresadas en lenguaje técnico. Sin embargo, es eso y mucho más puesto que tiene la virtud de estar escrito de modo tal que su lectura no está vedada a aquellos sin educación médica formal.

¿Pero, cuáles son las grandes preguntas a las que el lector encon­trará respuesta?: ¿es frecuente la práctica del sexo anal?, ¿tiene consecuencias sobre la salud?, ¿hay manera de realizar prácticas anales sin correr riesgo de enfermarse?

Si el lector es un profesional de la salud, encontrará en este texto la manera de asesorar adecuadamente a sus pacientes. Y si no lo es, el libro constituirá una guía para el auto cuidado -a años luz de un manual de autoayuda-.

El libro comienza poniendo en contexto el tema. Es por eso que prontamente aparece una descripción anatómica. Luego surgen otros grandes ítems que son las patologías anales y perianales no transmisibles prevalentes y las infecciones sexualmente transmisibles, con un especial desarrollo de las eventuales consecuencias de las prácticas sexuales anales.

En el texto hay además espacio para la esfera afectiva y para el efecto de la sexualidad anal en la vida de las personas.

Su autora, Luciana La Rosa, médica cirujana dedicada a infecciones sexualmente transmisibles en proctología y estudios de postgrado en sexología, posee además de títulos habilitantes una gran minuciosidad tanto a la hora de seleccionar el material respaldatorio como al momento redactar el contenido.

Por tanto, sus dichos están sostenidos no sólo por su vasta experiencia sino también por referencias bibliográficas cuidadosamente seleccionadas e internacionalmente reconocidas.

No sería completa esta reseña si sólo constara un comentario objetivo sobre su obra y la autora. Debo decir que con su lectura aprendí, reflexioné y crecí como médica.

Respecto a Luciana, quiero señalar que se trata de un ser humano inteligente, sensible, curioso, querido y respetado por colegas y pacientes.

Me satisface poder plasmar estas impresiones, que descorren el velo al resultado de un trabajo realizado con enorme entusiasmo, seriedad y rigor científico.


Dra. Laura Svidler López


Agradecimientos

A mis maestros y colegas del Centro de Educación Médica e Investigaciones Clínicas (CEMIC), del Hospital Dr. Carlos Bonorino Udaondo y del Centro Privado de Cirugía y Coloproctología por las enseñanzas y el acompañamiento a lo largo de mi formación. Sus aportes contribuyeron a que yo valore la medicina como saber, pero además como espacio de interacción humana.

A Alejandro Gutiérrez porque al haberme sugerido investigar las infecciones sexualmente transmisibles en proctología, despertó en mí el interés por un tema apasionante que excede el estudio de enfermedades. A Dolores Caffarena, compañera en múltiples proyectos, por su entusiasmo permanente. A ambos, por haber leído el libro y estimularme a publicarlo.

A mi colega y amiga, Laura Svidler López, sin quien este libro nunca hubiera salido a la luz. Por su lectura crítica y sus sugerencias siempre valiosas. Trabajar juntas escribiendo, investigando y repensando nuestra labor como médicas, me enriquece.

A Cecilia Santamaría, Julia Recchi, Luciana Betti y Fernando D’Elio, buenas personas de las que aprendí mucho sobre diversidad sexual en el contexto de la implementación de los Consultorios Amigables para la Diversidad Sexual.

A Jorge Franco por su ayuda en el apartado sobre ansiedad por rendimiento y por tantas charlas interesantes sobre sexualidad a lo largo de estos años.

A mis amigas y amigos porque pensar la vida juntos la hace más alegre, rica e interesante.

A María Bertoni por su generosidad y su profesionalismo. Su labor como editora mejoró enormemente la calidad lingüística de este texto. Pero además, su mirada profundamente empática, me ayudó a reflejar mejor mi concepción humanista de la medicina.

Al Departamento de Diseño de la Editorial Autores de Argentina por el diseño de la tapa y por su dedicación durante el proceso de edición.

A mis hermanas, porque siempre están presentes y porque las primeras charlas sobre la vida fueron con ellas. A mis padres, porque nos criaron con amor y nos dieron las herramientas necesarias para tratar al prójimo con respeto. Y por el apoyo incondicional durante todos estos años.

A Pablo, por acompañarme con este proyecto. A él, a Manuel y a Agustina porque con ellos mi vida es mucho más linda, divertida e inspiradora.

Introducción

Pese a vivir en una época donde se habla abiertamente de sexualidad (incluso en los medios de comunicación masiva), el sexo anal sigue siendo un tema tabú, que provoca vergüenza, comentarios condenatorios, bromas de mal gusto. De hecho, todavía hoy son numerosos los mitos sobre esta práctica sexual tan antigua como la humanidad.


Fresco griego. Tumba del Nadador, detalle de la pared norte (año 470 a.C.). Parque Arqueológico de Paestum, Italia


La falta de educación sexual exacerba prejuicios y genera un impacto negativo sobre la salud física y psicológica. En general son de origen informal los contenidos que circulan entre la población: consejos de pares, pornografía, sitios web, opiniones escuchadas en bares, contenidos televisivos, radiales, gráficos. Abundan los comentarios sesgados, sexistas, discriminatorios y por lo tanto errados. Para empeorar el panorama, es muy escasa –y de pobre evidencia científica– la literatura médica sobre el tema.

Las dificultades que tanto médicos como pacientes experimentan cuando hablan sobre sexualidad vaginal aumentan cuando se trata del coito anal, más aún si la conversación es entre varones. Una encuesta realizada a 736 médicos de California (llamativamente respondida sólo por el 13%) reveló que el 18,3% se sentía incómodo a veces o con frecuencia al momento de atender un paciente homosexual.1 En cambio, según una encuesta online realizada a 399 médicos y psicólogos de la República Argentina, sólo el 3,6% manifestó incomodidad frente a la atención de individuos homosexuales.2 Es probable que esta diferencia se relacione con los nueve años transcurridos entre una y otra encuesta, y con la mayor aceptación de la población homosexual en la última década.

Tanto en nuestro país como en el extranjero, resulta notable la falta de capacitación profesional en materia de diversidad sexual. Por ejemplo, según una encuesta realizada a decanos de 150 Facultades de Medicina de Estados Unidos y Canadá, el tiempo promedio dedicado a la temática LGBTI durante toda la carrera fue de cinco horas y el 33,3% de los encuestados dijo no haber recibido ni una sola durante los años clínicos de formación.3

Aunque en nuestro medio no registramos trabajos como éste, es probable que los médicos argentinos suframos un déficit similar. Por lo pronto, recién en 2017 el Ministerio de Salud de la Ciudad de Buenos Aires incorporó contenidos sobre diversidad sexual, incluyendo la Ley de Identidad de Género Nº 26.743, en los exámenes para residencias médicas.4

Es fundamental que el médico cuente con evidencia científica: esto le permitirá asesorar adecuadamente a los pacientes y ayudarlos a combatir mitos y prejuicios.

Para la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS), la salud sexual es la “experiencia del proceso permanente de consecución de bienestar físico, psicológico y sociocultural relacionado con la sexualidad y no la mera ausencia de disfunción, enfermedad o de ambos”. Para que la salud sexual sea tal, es necesario que los derechos sexuales individuales sean reconocidos y garantizados por el Estado, la sociedad en general y el equipo de salud en particular. Requiere de un enfoque positivo y respetuoso de la sexualidad y de las relaciones sexuales, así como la posibilidad de tener experiencias placenteras y seguras, libres de discriminación, imposiciones y violencia.5

Esto implica el derecho a contar con información. El profesional sólo podrá ofrecerla si posee la capacitación necesaria para abordar un tema muy amplio, que excede el conocimiento de enfermedades y sus tratamientos. De esta necesidad surge este libro que incluye una revisión de la literatura científica vigente sobre la relación entre sexo anal, salud y patología anorrectal.

Epidemiología

A diferencia de los genitales, el ano es una estructura anatómica común a todos los seres humanos, independiente del género o la identidad sexual. Tiene una rica inervación sensitiva, por lo que forma parte de la sexualidad de muchos individuos. Probablemente por eso, y por la disminución de los prejuicios frente a distintas prácticas sexuales, el coito anal ha aumentado en los últimos años.

Estudios poblacionales de 1994 indican que en ese tiempo una de cada diez parejas heterosexuales reconocía practicar sexo anal. En diez años, esta proporción parece haber ascendido a una tercera parte, a la luz de una encuesta realizada en 2004 a 12.571 hombres y mujeres de 18 a 44 años.6

Según datos del Instituto Kinsey, el 46% de las mujeres de entre 25 y 29 años practicó sexo anal al menos una vez en su vida. Este porcentaje es progresivamente mayor en las poblaciones más jóvenes, lo cual refleja la normalización de esta conducta en las últimas décadas.7

De acuerdo con un estudio realizado en veinte ciudades estadounidenses, el 30% de las mujeres y el 35% de los hombres habían mantenido prácticas sexuales anales heterosexuales durante el último año.8 Otro sondeo realizado a 4.170 adultos de 20 a 69 años en Estados Unidos reveló que el 37,3% de las mujeres y el 4,5% de los hombres mantenían relaciones sexuales anales.9 Aunque varían mucho de un país a otro e incluso entre ciudades, estas cifras reflejan una alta prevalencia del coito anal heterosexual.

No se cuenta con estadísticas locales sobre este tema.

Como las personas heterosexuales, aquellas homosexuales también viven su sexualidad de distintas maneras. De los hombres que tienen sexo con otros hombres, la mayoría disfruta del coito anal pero no todos lo practican. Algunos no mantienen relaciones sexuales de ningún tipo y otros prefieren sólo el sexo oral ya sea genital o anal.10

Aquéllos que efectúan la penetración anal se denominan activos; aquéllos que son penetrados se llaman pasivos y quienes disfrutan de ambas prácticas, versátiles. De los 15.039 varones homosexuales encuestados para el United Kingdom Gay Men´s Sex Survey de 2014, cerca del 90% aseguró haber practicado sexo anal en algún momento de su vida; 11 Éste y otros trabajos desmitifican la creencia popular de que la totalidad de los hombres gay disfrutan del sexo anal pasivo.12 Por su parte, Breyer y colaboradores observaron que el 46% de ellos prefiere ser activo, mientras que el 43% elige el rol pasivo.13

Por lo tanto, no debe darse por sentado el tipo de práctica en función de la elección sexual, como tampoco suponer la orientación sexual del paciente de acuerdo al modo en que se viste o expresa. El único modo de conocer la realidad de cada individuo es a través de preguntas formuladas en el marco de la consulta. Los Centros para el control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos sugieren formas de abordar la sexualidad.14

Durante la entrevista se debe preguntar acerca de la orientación sexual, tipo de prácticas sexuales, número de contactos, nueva pareja, antecedentes de infecciones sexualmente transmisibles, consumo de sustancias que alteren la conciencia y la utilización irregular o inadecuada del preservativo. De acuerdo con la literatura, el uso de preservativo durante las relaciones sexuales anales es poco frecuente pese a que también conlleva riesgo de contagio. Muchas mujeres lo utilizan sólo durante el sexo vaginal y no durante el anal porque sólo temen un embarazo. Por otro lado, con la falsa sensación de tener controlado el Virus de Inmunodeficiencia Humana (HIV), las conductas sexuales seguras también se han relajado y ha aumentado la incidencia del resto de las infecciones como sífilis y gonorrea, entre otras.15-17

18

De acuerdo con el United Kingdom Gay Men´s Sex Survey, el 64,1% de los encuestados tuvo al menos una relación sexual anal sin preservativo en el último año.11 El porcentaje de heterosexuales que utiliza condón de manera regular durante el sexo anal es aún menor. Según un estudio sobre 20.621 personas de 15 a 44 años que lo habían practicado, sólo el 20% de las mujeres y el 30% de los varones había usado el preservativo siempre.19

Estos datos son importantes porque, de los diferentes tipos de relación sexual, el coito anal es el que supone más riesgo de transmisión de infecciones. Como es la práctica que produce mayor fricción, aumenta la probabilidad de lesiones cutáneo-mucosas que a su vez facilitan el ingreso de diferentes patógenos.

A continuación revisaré los aspectos anatómicos y funcionales más relevantes, que permiten comprender mejor la relación entre erotismo anal y salud.