El Poder del Guerrero

El Poder del Guerrero

Néstor Galarraga

Galarraga, Néstor

El poder del guerrero / Néstor Galarraga. - 1a ed . - Pilar : Tequisté. TXT, 2020.

Archivo Digital: descarga
ISBN 978-987-4935-49-6

1. Artes Marciales. 2. Deportes. 3. Superación Personal. I. Título.

CDD 796.8019

El Poder del Guerrero

© de los textos: Néstor Galarraga, 2020

© de esta edición: Editorial Tequisté, 2020

Corrección: M. Fernanda Karageorgiu

Diseño gráfico y editorial: Alejandro Arrojo

Fotografías: Miguel Ángel Martínez

1ª edición: septiembre de 2020

Producción editorial: Tequisté

contacto@txtediciones.com.ar

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LIBRO DE EDICIÓN ARGENTINA

Digitalización: Proyecto451

Queda rigurosamente prohibida, sin la autorización escrita de los titulares del “Copyright”, bajo las sanciones establecidas en las leyes, la reproducción parcial o total de esta obra por cualquier medio o procedimiento, incluidos la reprografía y el tratamiento informático.

Inscripción ley 11.723 en trámite

ISBN edición digital (ePub): 978-987-4935-49-6

Texto en coreano
Texto en coreano

Con amor, a Dani,

la protagonista de todas mis películas…

Fotografía del autor

BIOGRAFÍA

Néstor Francisco Galarraga nació en Monte Grande, Buenos Aires, Argentina, el 25 de julio de 1958. Cinturón negro, IX Dan de la International Taekwon-Do Federation, es uno de los taekwondistas más destacados por su profesionalismo y capacidad de trabajo. La Taekwon-Do Asociación Argentina, entidad que lidera desde su formación en el año 1983, es una de las más importantes en su género en la República Argentina. Cientos de instructores egresados, miles de practicantes en todo el país y los constantes logros deportivos de sus integrantes a nivel internacional garantizan el nivel de la enseñanza impartida. Los trabajos del Gran Maestro Galarraga en diferentes áreas concernientes al Taekwon-Do trascienden permanentemente al campo internacional y son reconocidos por su seriedad y originalidad.

Ha trabajado en el desarrollo de métodos de aprendizaje, entrenamientos, examinación, en la reglamentación y metodología del área deportiva, realizando aportes al área técnica y cultural y al desarrollo integral de la disciplina.

Escribió cientos de notas para revistas especializadas del medio marcial y libros, protagonizó documentales, participó y dirigió programas de TV, todo ello relacionado con el Taekwon-Do ITF.

Ha sido protagonista activo participando de las decisiones más importantes del Taekwon-Do en los últimos 35 años: a fines de los años 70 como competidor; en los años 80, además de competidor, entrenador y dirigente de la Federación de Taekwon-Do de la República Argentina (FETRA); en los 90, junto al fundador del Taekwon-Do, General Choi Hong Hi, como dirigente de la Federación Internacional de Taekwon-Do (ITF); y, a partir del 2001, junto al Maestro Choi Jung Hwa (hijo del fundador del Taekwon-Do), en la dirección general de la Federación Internacional.

El Gran Maestro Galarraga viaja constantemente por toda la República Argentina y alrededor del mundo dictando cursos, seminarios de capacitación y dirigiendo los campeonatos de la International Taekwon-Do Federation, trabajando incansablemente para el crecimiento y desarrollo del Taekwon-Do ITF a nivel mundial. Ocupa el cargo de Director de Torneos y del Comité de Árbitros y Jueces de la Federación Internacional desde el año 1997, tiempos en que el Taekwon-Do de esa entidad era uno solo en el mundo. Reorganizó, entre los años 1997 y 2000, junto al General Choi Hong Hi y maestros de prestigio como Wim Boss, los reglamentos con los que el Taekwon-Do ITF compite en la actualidad.

Su pasión por la disciplina le permitió alcanzar 100 veces los sueños que tuvo cuando era niño. Como él mismo suele decir: «He practicado y enseñado artes marciales por más de 40 años. He dado seminarios de capacitación en Taekwon-Do alrededor del mundo, incluyendo las dos Coreas, del Norte y del Sur, país donde se originó este arte marcial. He trabajado con dedicación exclusiva a esta disciplina. El Taekwon-Do ha sido una práctica de vida con la que aprendí a luchar contra la adversidad, un modo de vivir, de ser y de estar en el mundo, que me ha permitido tener una vida plena y llena de satisfacciones. Cumplí 100 veces los sueños que tuve cuando era chico. La vida ha sido generosa para mí y una verdadera caja de sorpresas. No pertenezco al grupo que soñó y concretó sus sueños, ya que he alcanzado mucho más de lo que me animé a soñar. La verdad es que con todo sentido podría decir que estamos a mano: el Taekwon-Do me dio todo y yo le di todo».

Su pasión por el arte lo convirtió en uno de sus principales motivadores y en el guardián acérrimo del estilo ITF. Actualmente, vive en Monte Grande, su ciudad natal, enseña Taekwon-Do y escribe sobre sus experiencias y reflexiones acerca de la práctica, la enseñanza y la investigación del Taekwon-Do ITF como una herramienta útil para el equilibrio y desarrollo del ser humano.

EL PORQUÉ DE ESTE LIBRO

El poder personal es un valor fundamental. Todo lo que hacemos, todo lo que decimos, todas las decisiones que tomamos a lo largo de nuestra vida dependen del sentimiento que tengamos de nosotros mismos. Aunque no nos demos cuenta, hasta los más mínimos detalles, la manera de caminar, de vestirnos, las elecciones, las decisiones, los pensamientos, los sentimientos y todas nuestras acciones dependen de ese poder personal. La humanidad se encamina detrás del poder, por eso, la mayor parte de la sociedad corre detrás de él, del dinero, el prestigio, la fama, el sexo; el poder que otorga tener, un poder que está afuera. Enamorados del ego y del razonamiento, nos hemos lanzado por un camino que nos llevará a perder todas nuestras capacidades intuitivas y aprendidas o, por lo menos, a reemplazarlas.

La sociedad actual antepone la riqueza y el poder sobre lo demás, como modelo de felicidad. Y, por supuesto, estos “valores” están instalados más allá de nosotros mismos. Por eso, tengo la sensación de que los seres humanos avanzamos por el camino de perdernos a nosotros mismos.

He practicado y enseñado artes marciales por más de 40 años. He dado seminarios de capacitación en Taekwon-Do alrededor del mundo, incluyendo las dos Coreas, del Norte y del Sur, país donde se originó este arte marcial. He trabajado con dedicación exclusiva a esta disciplina. El Taekwon-Do ha sido una práctica de vida, un modo de vivir, de ser y de estar en el mundo; ha sido mi camino y mi destino, que me ha permitido tener una vida plena y llena de satisfacciones. Cumplí cien veces los sueños que tuve cuando era chico. La vida ha sido generosa para mí y una verdadera caja de sorpresas. No pertenezco al grupo que soñó y concretó sus sueños, he alcanzado mucho más de lo que me animé a soñar. La verdad es que con todo sentido podría decir que estamos a mano: el Taekwon-Do me dio todo y yo le di todo.

Siempre que me paro frente a una clase, curso, charla o seminario, me planteo la misma alternativa: dejar algo, y eso que pretendo dejar quiero que les quede pegado para siempre. Como decía mi querida amiga Vivian Loew, «si uno se queda con la sensación de pegar en la piel de nuestros alumnos un conocimiento, se anota un palote…». Sé que puede resultar pretencioso o soberbio, pero siempre que entro a enseñar lo hago con la conciencia de que estoy ahí para aportar algo, que estoy por el arte, por la cultura, por la técnica y porque tengo en mis manos una herramienta tremendamente poderosa, con la capacidad de aportar algo positivo a la vida de los practicantes y siempre desde el Taekwon-Do porque prácticamente no he tenido vida personal. Pero, cuando repaso lo aprendido y enseñado, me doy cuenta de que algunas tintas quedaron en el tintero, algunas cuestiones quedaron pendientes. Lo que aprendí —y personalmente descubrí cosechando experiencias por la vida— sobre el desarrollo del poder personal, no lo enseñé. Y como resulta imposible desandar la historia, volver a todos esos caminos, a esos lugares del conocimiento que ignoraba, donde descubrí lo que soy a través de lo que hago, intento respetuosamente ponerlo en este libro.

Trata específicamente sobre el desarrollo del poder y en sus páginas podrán encontrar mensajes llenos de detalles, información basada en la experiencia concreta y en la certeza de cómo alcanzar las cosas que nos proponemos. En síntesis: todo lo que lleva al descubrimiento y al desarrollo del auténtico poder personal. No es un libro histórico, no cuento el proceso de los diferentes acontecimientos que viví y me llevaron a las actuales conclusiones, aunque en algunos pasajes hago un repaso minucioso de algunos fragmentos de la historia poco conocidos. No es un libro técnico, pero, en él ensayo reflexiones y vuelco nuevos conceptos basados en recientes investigaciones, con el objetivo fundamental de generar nuevas herramientas con el afán de seguir contribuyendo al desarrollo técnico de nuestra disciplina.

Este libro habla de espacios comunes, habla de las artes marciales, del Taekwon-Do, habla de todos nosotros, de vos y de mí; habla del camino recorrido, de las emociones, de los pensamientos, de las sensaciones internas por las que atraviesa todo aquel que busca el desarrollo de ese poder, el sentido de su vida y de todo lo existente en su propio corazón.

PRÓLOGO

Cuando el Maestro Néstor Galarraga me pidió el prólogo de su nuevo libro sentí una inmensa alegría, emoción y una oportunidad enorme para despedirme de miles de lectores que me han acompañado a lo largo de 40 años de trabajo en esta obra única, a la que he llamado YUDO KARATE. Le dije que posiblemente le dedicara a él las últimas palabras en las artes marciales, ya que, debido a un problema de salud, me encuentro frente a la alternativa de no poder seguir comunicando, qué ironía.

Lamento mucho no poder hablarles de este libro o introducir al lector en lo que considero una obra maravillosa, pero, a cambio de esto, puedo hablarles de mi querido amigo, el autor. Con mucho sentido del humor, parafraseando a Fidel Pintos, podría decir que a Néstor Galarraga lo descubrí yo…

Recuerdo que, en una oportunidad, Jorge Luis Borges presentó la obra de un pintor y, después de hacer una descripción minuciosa y detallada de los puntos más sobresalientes de la obra del artista dijo (pero se dieron cuenta que ironía): «un ciego presentando un pintor». De la misma manera, haciendo una analogía, podría hablarles del Maestro Galarraga. Él se formó en muchos sentidos en los pasillos de la redacción de Yudo Karate que en la época reflejaba el acontecer del artista marcial en la República Argentina, de hecho, dirigió la revista en mi ausencia durante tres años.

Néstor me ha contado de las palabras en las páginas de su nuevo libro, en el que narra detalladamente los ejes fundamentales de su transformación personal y no es para menos, ya que él es un seguidor de sus propios pasos, que culminan siempre en la concreción de sus propios sueños. Un hombre que no se ha detenido jamás en la tarea de reinventarse a sí mismo y así lo mostró Yudo Karate a lo largo de toda su historia.

Hace más de treinta años tuve el honor de escribir el prólogo de su primer libro Factor de evolución. En él decía que, absolutamente enfocado en alcanzar las cosas que se propone, Néstor Galarraga ha volcado en las páginas de ese libro lo más importante que ha conseguido después de años de práctica, estudio y aprendizaje: su enfoque de triunfador, porque para él “triunfar en la vida no es lo más importante… es lo único”.

Aquel fue el libro récord en ventas en lo que a artes marciales se refiere, pero me temo que El poder del guerrero lo superará ampliamente, ya que en él nos habla del camino recorrido, cuenta detalladamente los pasos que hay que dar para alcanzar las cosas que deseamos y nos propone el desarrollo técnico como un elemento fundamental para alcanzar el poder personal y el dominio del arte como camino a la espiritualidad. Este libro no es otra cosa que un reflejo de sí mismo, una muestra más de la responsabilidad, el esfuerzo y el compromiso con el que ha dedicado su vida al Taekwon-Do ITF.

Ha trabajado en el desarrollo de métodos de aprendizaje, entrenamiento, examinación y en la reglamentación y metodología del área deportiva, escribiendo cientos de notas para Yudo Karate y otras revistas especializadas del medio marcial y libros. También dirigió documentales, programas de TV y ha sido un protagonista activo participando de las decisiones más importantes del Taekwon-Do ITF en los últimos 30 años. En los 90 —junto al fundador del Taekwon-Do el general Choi Hong Hi— y a partir de 2001 con su hijo el maestro Choi Jung Hwa, ha realizado aportes al área técnica, deportiva, cultural y ha trabajado constantemente para el crecimiento y el desarrollo del Taekwon-Do en el mundo. Además, ha dirigido el área deportiva de la Federación Internacional desde 1997, tiempos en los que el Taekwon-Do de esa entidad era uno solo en el mundo. Desarrolló, conjuntamente a otros maestros en el mundo, los reglamentos con los que el Taekwon-Do ITF compite en la actualidad. Dirigió campeonatos mundiales juveniles, campeonatos mundiales adultos, campeonatos mundiales senior, todas las versiones de la Copa del Mundo, campeonatos panamericanos, europeos y todas las versiones de la Copa América, en América, Europa, Asia y Oceanía. Popularizó su método de enseñar Taekwon-Do ITF, dictando seminarios en más de 60 países y su capacidad para organizar eventos es marca registrada.

¡¡¡Sí!!! Basta con repasar un poco su historia para saber de quién estamos hablando, un “animal de las artes marciales”, un hombre que, con trabajo, logró superar al talento y, con disciplina, vencer a la inteligencia. No me hace falta leerlo, entrevisté al Maestro Galarraga en cientos de oportunidades y en esta ocasión sé exactamente a donde se dirige… ¿por qué? Porque siempre lo vi venir… Los dejo con el autor.

MIGUEL HLADILO

PRIMERA PARTE

LA SITUACIÓN SOCIAL

A pesar de los avances de la ciencia, la tecnología, la industria, el arte y la cultura, se hace cada vez más difícil vivir en una sociedad tan grande y compleja —con tanta gente dividida en numerosas clases sociales e infinidad de diferencias— y no sentir miedo, inseguridad, confusión, desprotección. Es llamativa esta enorme contradicción: una sociedad que avanza a pasos agigantados en algunos aspectos y se estanca o retrocede en cuestiones fundamentales como son las relaciones humanas.

Cuando la gente vivía en pueblos pequeños, cada uno tenía su identidad: era “el hijo de alguien”, el que luego iba a seguir la figura de su padre, abuelo o de algún personaje del pueblo. Esta sensación de pertenencia desapareció con la expansión de las grandes ciudades. Esta identidad, este ser construido con otros, tener algún camino trazado de acuerdo con la historia familiar, fue desapareciendo de a poco. Así, pasamos a otra historia que tiene que ver con el individualismo, una de las grandes enfermedades de la sociedad actual, y cuya ideología fundamental es: “tanto tenés, tanto valés”, “estás solo y arreglátelas como puedas” y “divide y reinarás” … Siempre un ser individual es más débil y una sociedad basada en el individualismo genera indiferencia, envidia, arrogancia, prepotencia, excesivo protagonismo, falta de encuentro, de vínculos, de abrazo y de amor. Poder pensar en un ser colectivo es una fortaleza. Por eso, es necesario construir cada vez más un nosotros, porque lo contrario del individualismo es la solidaridad…

Hoy vivimos frente al permanente desafío de edificar nuestra propia identidad e historia, hacer nuestro propio camino, en medio de una sociedad que se transforma convulsivamente. Asistimos al desarrollo vertiginoso de un mundo poblado de incertidumbres. Son infinitas las posibilidades que aparentemente nos ofrece la vida en sociedad, actividades de todo tipo —artísticas, recreativas, culturales, deportivas—, lugares soñados para visitar, entre otras. Desde el punto de vista educativo y formativo, son numerosas las carreras, lo mismo que las oportunidades laborales. Pero, si miramos bien, las posibilidades de elegir son muy relativas, muy reducidas. Las cosas que podemos hacer son demasiado limitadas y para hacer todo lo que queremos necesitaríamos varias vidas.

En ese sentido, la sociedad se divide claramente en dos partes. Una parte quiere alcanzar y conquistar todo, si es posible al mismo tiempo. La gran mayoría intenta aprender idiomas, pintar; toma clases de música, baile; va al gimnasio, practica deportes; y, una vez que termina una carrera universitaria, empieza otra. Esta es la parte más competitiva, más agresiva. Toda esa gente, esté donde esté, siempre siente que se está perdiendo algo.

La otra parte no va para ningún lado, está totalmente desorientada. Trata de vivir el momento, no sabe a dónde ir ni qué hacer. Las dos puntas de la sociedad marcan un claro desequilibrio entre aquellos a los que no les alcanza el tiempo —porque no pueden parar de correr— y los que no van para ningún lado, porque no saben a dónde ir ni qué hacer con sus vidas. Vivimos en un medio en el que cada vez es más difícil encontrar personas equilibradas.

Por otro lado, corremos todo el tiempo detrás del dinero, el prestigio, la fama, el sexo y el poder. Pasamos la parte más importante de nuestra vida tratando de tener y la otra, cuidando o sosteniendo las cosas que logramos alcanzar. O sea que, con el paso del tiempo, contrariamente a lo que debería pasar (volvernos más libres, más sabios), nos vamos volviendo guardaespaldas de nuestros propios logros o adquisiciones. Mucha gente se enferma tratando de alcanzar una fortuna y después la gasta tratando de curarse… ¡qué ironía! La sociedad tiene a la riqueza y al poder sobre los demás como modelo de felicidad, que está puesta en el tener y no en el ser. Por supuesto, estos “valores” están instalados fuera de nosotros mismos. La dicha dura unos pocos días porque está fundada en el querer tener, en el deseo, entonces no es felicidad. Es una satisfacción que no satisface y es efímera, porque el deseo sigue transformándose. Todo el tiempo tratamos de alcanzar algo y cuando lo tocamos se convierte otra vez en querer algo más, pero cuando logramos el objetivo volvemos al comienzo y nos damos cuenta de que, definitivamente, no es lo que queremos. La pasión por tener se ha impuesto como modelo de felicidad social, pero perseguir el deseo no lleva a la felicidad sino solo a querer más y más.

Por otra parte, y contrariamente a lo que debería pasar, cada vez hay una mayor concentración de riqueza. Vivimos en un mundo donde la mayoría padece serias necesidades para subsistir y la pobreza, vista desde otros niveles socioeconómicos, es algo terrible. Ya no hay una pobreza digna, no existe un pobre feliz. Antiguamente se decía que la pobreza dignificaba el alma y que la humildad y la solidaridad eran valores propios de la gente pobre. Además, las personas tenían palabra, esto quería decir que nunca faltaban a un compromiso. Estos valores eran heredados de las generaciones anteriores y toda esta gente en su conjunto luchaba por salir adelante, había una pobreza digna, donde sus padres se mataban trabajando para que sus hijos pudiesen llegar a la Universidad. “Mi hijo el Doctor” fue el desafío principal durante décadas de miles de inmigrantes que pisaron estas tierras con el objetivo de escapar de la guerra en un principio y salir de la pobreza basados en una idea fundamental, la educación de sus hijos. Hoy, sin embargo, son cada vez más restringidos los lugares a los que la gente pobre puede acceder —como educación, trabajo, sistemas de salud y seguridad—, la justicia es cada vez más precaria y limitada y las clases más desprotegidas están relacionadas con la delincuencia.

La gente que tiene un poco más opina que quienes forman parte de aquellas clases están jugados y no tienen nada para perder. Actúan en consecuencia. Escasos de posibilidades, roban y matan porque no le dan valor a la vida y porque quieren, de cualquier manera, lo que no pueden tener. Sus vidas carecen de todo sentido, son desdichados y despreciados, pero fundamentalmente por ellos mismos. Los chicos, adolescentes y jóvenes están sumergidos en el mundo de las drogas más baratas y más letales. No intentan vivir nuevas experiencias, sino suicidarse un poco todos los días. Si se es parte de cualquiera de ellas, no hay opciones. Lo único que se puede hacer es vivir tratando de escapar de esos lugares, de un espacio de donde es prácticamente imposible salir. La cultura de la pobreza, las miserias, la familia, los amigos y el propio miedo los retienen. Luchan para salir de un espacio y entrar en otro donde solo encuentran resistencia, hostilidad, descalificación y son rechazados porque un peldaño más arriba se encuentra mucha gente que no los quiere entre sus pares. La sociedad está dividida y enfrentada en diferentes niveles de adquisición y esto genera, en las clases más desfavorecidas, resentimiento, frustración, bronca, odio y violencia de todo tipo y, un peldaño más arriba, el famoso chiste de que hay que poner una bomba y matarlos a todos.

Por esta razón, abundan historias del “se puede”. Probablemente, esta ideología esté armada para que la gente no pierda la fe, la esperanza. Pero es perversa. Con eso de que “el que quiere puede” nos quitamos de encima la responsabilidad social, y las clases sociales un poco más acomodadas se quedan muy tranquilas y sin ningún cargo de conciencia, donando un colchón que hace mucho tiempo están por tirar para los inundados de turno. Así, justifican su inacción y su tremenda falta de solidaridad en el hecho de que aquellos desprotegidos quieren vivir así, porque el que quiere salir adelante puede. Es cierto, uno entre varios puede salir adelante. Muchas veces, parado sobre sus talentos particulares, vence las diferentes circunstancias de la vida, lucha contra viento y marea, cambia la historia y sale adelante. “Se puede” es muy romántico y los ejemplos abundan, pero no tantos comparados con la enorme cantidad de seres humanos que no tienen la más mínima posibilidad de vivir dignamente. Será por eso, que siempre pienso en una sociedad más justa, más equitativa, más distributiva y fundamentalmente más equilibrada y solidaria, donde no abunden las historias de destrezas sobrehumanas para salir de la pobreza. Tanto talento para tan poco. El mito del héroe urbano le encanta a la sociedad y cuanto más sacrificado y morboso, mejor.

Siguiendo la línea del que tiene un poco más, las diferencias van en aumento dividiendo y separando a la sociedad en posiciones irreconciliables y enfrentadas en diferentes niveles de adquisición. Una especie de escalera con peldaños de diferentes nombres: indigencia, pobreza, media baja, clase media, media alta, clase alta, etc. A todas estas definiciones les faltan otras formas de descalificación: dentro de las clases bajas están los villeros, inmigrantes, negros o cabezas; en la clase media, los grasas; y en la media alta, los trepadores y los nuevos ricos. Así sigue la lista del mundo clasista, tratando de subir un escalón en una comunidad totalmente fragmentada.

Los clase media tienen puesta toda su energía en no caer. Están atrapados por los sistemas financieros y giran alrededor de las tarjetas de crédito, cuentas bancarias, créditos personales, etc. Hay todo un sistema que los obliga a gastar más y más, a estar todo el tiempo concentrados en trabajar más y más para consumir más y más y sostenerse sobre un piso cada vez más resbaladizo. Tienen la mirada puesta en dos cosas fundamentales: no convertirse o volver a ser pobres y en progresar y llegar a clase media alta; son como chicos mojados intentando trepar un palo enjabonado. Y un paso más arriba nuevamente no los quieren, son grasas para la clase media alta, sin hablar de clase alta que es otra cosa.

Lamentablemente para quienes les interesa trepar, clase alta tienen que nacer, sino siempre les va a estar faltado algo: cultura, historia personal, apellido, etc. La única ventaja es que ahí no los discriminan, directamente no los registran y, entonces, se discriminan solos. Si no nacieron ahí, no pueden entrar. Corren a través de las clases sociales como burros detrás de la zanahoria. El poder siempre afuera y la energía detrás de alcanzar algo. Y otra vez las drogas, pero de mejor calidad, claro, y la delincuencia organizada como parte de una matriz de corrupción que atraviesa todas las clases sociales y que utiliza mano de obra de gente que tiene capacidades muy particulares. Una banda organizada se conforma de manera escalonada y con un nivel de sofisticación verdaderamente llamativo. Los trabajos son ejecutados por delincuentes que viven en las villas o en los barrios más marginados que por lo general pertenecen a algún grupo de barrabravas, entre los que se encuentran chicos que hacen scruchers, asesinos y violadores que revientan casas, grupos organizados que hacen secuestros, roban camiones de caudales, bancos y operaciones de cierto nivel de sofisticación delictiva, estafas de todo tipo y van cambiando el curso de las operaciones de acuerdo a la info que reciben de sus informantes, que por lo general son mujeres que trabajan como personal doméstico en casas de clases medias altas y clase alta. La inteligencia se organiza con los jefes de calle de la policía de cada zona y los que liberan las zonas son los que dirigen a los jefes de calle. Los que reducen los motines forman parte de cooperativas que, por lo general, trabajan para las municipalidades. El poder político engorda la vista o hace la vista gorda y el juez les garantiza las salidas… Las víctimas son alentadas a no denunciar y a no formar parte de los procesos, pero, si insisten, son amenazados ellos mismos y sus familias y un paso más adelante cumplen con sus amenazas... y te matan… porque son perversos, porque haciendo el mal se sienten bien. ¡En qué mundo vivimos, qué perversidad!

CUERPO, MENTE Y ESPÍRITU

Hoy, invertimos una enorme cantidad de energía en el cuidado del cuerpo y la búsqueda de la eterna juventud. Hablamos de cuerpo, mente y espíritu. Solo hablamos, pero no tenemos incorporado este concepto. Estamos enamorados del poder de la mente, del ego y del cuerpo. Aunque es necesario aclarar que una cosa es el equilibrio entre cuerpo, mente y espíritu —que lleva a amarnos y aceptarnos a nosotros mismos— y otra, estar enamorados del ego y del cuerpo. Esto conduce a miles de trastornos relacionados con tratar de sostener la juventud y la aceptación de los demás a toda costa.

El cuerpo ya no es el perro fiel que nos acompaña por la vida. El concepto de cuerpo sano, mente sana, como punto de equilibrio entre una buena alimentación y ejercicios periódicos para promover la salud y una mejor calidad de vida, se modificó por cuestiones exclusivamente estéticas. Los gimnasios, las cirugías, las camas solares, los tratamientos capilares, dermatológicos, odontológicos, etc., están apuntados a cuestiones estéticas y obedecen al mismo fin: la búsqueda de la eterna juventud para ser elegidos o demandados por otros. Me gustaría llamar a este concepto la estética que mata.

Necesitamos que nos busquen todo el tiempo, de lo contrario nos sentimos abandonados y, por lo tanto, desprestigiados y solos. No pertenecemos a ningún lado. Hoy más que nunca hay que dar con la altura, el corte de pelo, el color de piel, la delgadez, etc., todo lo que impone el estereotipo social. Basados en este modelo, tendremos más o menos valor, más o menos dinero, más o menos sexo, más o menos poder, siempre en comparación con el otro. Todo el tiempo buscamos ser demandados y aceptados por los demás.

En este caso, el poder está siempre puesto en la mirada del otro y nos vamos volviendo esclavos del punto de vista del otro. Todo es para gustar, agradar y conformar. Por supuesto, esto exige un gran esfuerzo que va en aumento con el paso del tiempo. No hay otra manera de sostener la aceptación. Este esfuerzo nunca lleva a un poder verdadero porque siempre depende del espejo o del punto de vista del otro. Querer sostener la juventud de manera indefinida es puro vacío y marketing, pero vivimos en un mundo donde la adultez está totalmente devaluada y el poder, siempre afuera.